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Pina Bausch [18]

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Pina Bausch, la coreógrafa alemana más innovadora en la danza europea de las últimas 4 décadas, se ha ido, y muy rápido, a los pocos días de que le diagnosticaran un cáncer.

Horst Köhler, el presidente de Alemania ha declarado “Todos estamos consternados por la noticia de su muerte prematura”, y si ha asistido a alguna función de Pina seguramente lo dice de verdad. Porque se va Pina y uno se encuentra más solo, y más triste. Su persona y su obra me/nos han acompañado desde hace ya unos cuantos años. Obra y persona en el caso de Pina es lo mismo. Su cuerpo era el hábitat de su obra. Eso es la danza, como la vida. Performativa (con perdón por la pedantería). Es mientras hace, se hace, y trasciende.

Morena, fumadora incombustible, silenciosa, de porte aristocrático, y con unos dedos tan alargados que daba la impresión de que, en un momento de enfado, podrían haber sido capaces de ahogar a un bailarín rebelde en un ensayo. Me temo que nunca lo hizo. Verla en escena impresionaba. Su nombre era un signo de calidad y credibildad que utilizaban los teatros y festivales más importantes del mundo, o los que querían serlo.

Pina Bausch nació en Solingen en 1940 y comenzó sus estudios de danza en la escuela dirigida por uno de los maestros de la danza alemana de este siglo, Kurt Joos. Viajó a los 19 años a Estados Unidos con una beca pasando por la Juilliard School of Music y acabó trabajando para el New American Ballet y en el Metropolitan de Nueva York. A su regreso a Alemania fue nombrada directora de danza del Teatro de Wuppertal.

Wuppertal es una ciudad parecida a Bilbao, se halla en la cuenca del Ruhr, en una de las zonas de Alemania más industrializadas, de 350.000 habitantes, tiene dos teatros, y entre sus hijos pródigos destacan Friedrich Engels, y el inventor de la aspirina, Friedrich Bayer.

Y en esta Wuppertal comenzó la ruptura más importante en el mundo de la danza desde el advenimiento de la contemporánea. La Bausch creó lo que se ha venido a llamar Teatro-Danza, que fundamentalmente ha significado la ruptura de las fronteras entre la danza y el teatro. En los primeros momentos su obra levantó las protestas de los abonados y las de los gestores económicos del teatro. Pero pronto sus éxitos internacionales aplacaron a sus detractores y la compañía Tanztheater Wuppertal acaparó la atención del mundo entero. Y Wuppertal se convirtió en centro de peregrinación de los amantes de la danza, de periodistas, curiosos y de todas las personas que pasaron por su compañía (que reunía a artistas de 16 nacionalidades). Hoy la web de Wuppertal anuncia la pérdida de su hija adoptiva.

Como demuestra en su trabajo, a Pina Bausch le costaba distinguir las fronteras convencionales entre las artes, en su conversación con Raimund Hogue dice: “Yo tuve la suerte de educarme en la Folkwangschule de Essen, que se distinguía por mantener una filosofía que luego he seguido manteniendo en mi práctica artística. Todas las artes están juntas e interrelacionadas. Allí estábamos estudiando juntos músicos, bailarines, diseñadores, escultores… Yo no puedo separar la música del baile o la ópera de la danza. Todas las artes están unidas”.

El sistema que utilizaba Pina Bausch para comenzar el proceso de creación de cada obra era, según cuenta, “reunir a mi compañía y hacer a los bailarines todo tipo de preguntas, para ir conectando ideas. Voy de lo sencillo a lo importante, ésta es la única manera como puedo concebir una obra. Intento no planificar nada, que todo surja basado en la improvisación, sobre la marcha. Primero lo siento en mi interior, y luego intento proyectarlo en el escenario buscando siempre un objetivo: despertar los sentimientos que todos, el público incluido, llevamos dentro”.

¿Qué tenía de especial? Es difícil explicarlo. Creo que su habilidad para dejar surgir las cosas, permitía que pasaran, y había desarrollado una alerta muy sensible para detectar frenos y censuras que desterraba sin miramientos. Sus trabajos pasaban siempre por el sentimiento, el tamiz básico, sentimientos enlazados frecuentemente a los recuerdos de su infancia, edad nutridora de mitos, paraíso perdido al que podemos volver gracias a la danza, y se inspiraba en situaciones tan sencillas como surrealistas, generando imágenes de una gran potencia visual y emocional. De lo cotidiano al sueño.

Sus coreografías, “La consagración de la primavera” o “Café Müller” forman parte de la historia de la danza, del patrimonio intangible más brillante del siglo XX. Tengo un especial recuerdo de Masurca Fogo, por su espíritu.

La foto es de Duisburger Philharmoniker

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Written by albertobokos

2009/07/01 a 17:14

Publicado en culture

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Una respuesta

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  1. Interesante saber que el genio y la creatividad que ahora se ha apagado, logró germinar en un entorno similar al nuestro. Las crónicas “al uso” han destacado el caracter innovador del resultado final de esta gran artista. Por lo que he aprendido de tu post, creo que más importante que éste es la creatividad del proceso. muy interesante… merci por la lección

    Pilar

    2009/07/02 at 13:02


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